El Ojo del Ciclón (fotoperiodismo)

La fachada

Estás perdido por la Habana Vieja. En la calle Villegas en dirección a Obispo, justo en la esquina de O’Reilly, encuentras un extraño lugar que te llama la atención.

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Al parecer y según lo que la puerta indica, se trata del taller y proyecto comunitario EL OJO DEL CICLON, del artista de la plástica Leo D’Lázaro, un lugar del que nunca has oído hablar, pero luego adviertes que es muy conocido en la zona por la estrecha relación que ha logrado entre el arte y el urbanismo en sus alrededores.

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Tan extraño el lugar como la primera impresión que da: un carro, en exceso decorado, parqueado en medio de la sala de exposición. En la puerta del maletero, una frase: Donde quiera que vayas lleva tu ambiente contigo.

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Una vez dentro, te sientes inevitablemente pequeño ante la inmensidad artística, decorativa y creativa del lugar. Cada rincón, cada pared, cada material que en la mano de Leo D’Lázaro cae, al parecer se convierte en una pieza de arte

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Cuadros, esculturas, performances e instalaciones confluyen en la galería. EL GRITO DEL SILENCIO, ese es el nombre de esta primera y peculiar sala de exposición que acoge a cualquier transeúnte

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Muchas de las piezas del lugar, al menos tres, tienen agujeros luminosos para mirar al interior. Cada uno con un concepto distinto, una idea nueva, una interpretación diferente propuesta por el autor.

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Siguiendo el recorrido, percibes que esa pluralidad de significados no solo está presente en las esculturas de los agujeros. Lo abstracto de las piezas inducen a más de una interpretación

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En esa segunda y pequeñita sala, llamada YA ESTAS ADENTRO, descubres que Leo no solo se dedica a las artes plásticas como la escultura o la pintura que predominan en el lugar. También expone fotografías, tanto personales como de amigos que colaboran con el taller.

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Más al interior continúan las sorpresas. El baile también tiene un espacio en el lugar y se hace presente con un TABLAO FLAMENCO. En las noches de sábado, el taller se convierte en la sede de la Milonga, un espacio dedicado a bailar y dar clases de tango a los interesados

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Oculto tras una abertura en la pared, descubres un BAR, un lugar íntimo donde Leo interactúa con la ajetreada multitud que los fines de semana en la noche se reúne allí. EL OJO DEL CICLÓN ha devenido en un nuevo espacio de interacción social y entretenimiento juvenil.

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De hecho, ese siempre fue el objetivo de su creador. Para Leo, el caminar de la gente por el taller y su interacción con las esculturas son su principal inspiración. Por eso lo sigue ampliando con nuevos lugares de encuentro, como el acogedor SALON MUSICAL, un espacio para jugar ajedrez, leer, o echar una partidita de futbolín “artístico”.

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Deseas ver a dónde lleva el ingenio y la creatividad. Aparece el taller, lugar de trabajo donde Leo guarda sus herramientas. Pareciera el final, sin embargo te sorprende saber que todo acceso está permitido.

Las propias herramientas conforman una pieza en exposición que Leo había llama “Ciudad de Herramientas”.

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Hasta un pequeño buró con apuntes y fotos personales está a tu alcance. La relación de confianza es evidente, los límites entre autor y público, imperceptibles.

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Una escalera ascendente te conduce a un segundo piso.

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MUTACIONES ORGÁNICAS, es el nombre de la habitación que te recibe, donde se exponen trabajos de pintura y grabados sobre fotos.

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Hasta el momento todo lo que has visto son obras fundamentalmente de Leo. Sin embargo en esta segunda planta destaca un rincón con obras claramente distintas al resto, sobre todo en la abundancia y fuerza de los colores. Se trata de un espacio dedicado a la obra de su hermana: Isis D’Lázaro.

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No imaginabas encontrar un gimnasio en medio de la galería, pero ahí está, sui géneris, como toda su obra.

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Piensas, entonces, que no puede haber más nada cuando accedes a la habitación PIEZAS INTIMAS, el espacio más personal del artista, un cuarto donde guarda sus recuerdos personales. Una vez más dudas si debes entrar o no, pero la curiosidad te supera

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Entre tantos detalles y artefactos surreales, algo en especial te llama la atención, sobre todo porque da sentido a que un lugar como ese se llame EL OJO DEL CICLÓN…

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La inspiración para el nombre viene nada más y nada menos de un poema homónimo de la poetisa Dulce María Loinaz.

 

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